Los sábados por la mañana
El cariño de un sábado por la mañana lleno de clichés me encanta, menos el de hacer cola por comprar un pan de moda. No por el pan, sino por la cola, porque anda que no hay panaderías sin colas con unos panes que te mueres, suele pasar que las que son más locales no te hacen esperar.
Este sábado fui víctima de otro cliché matutino: volví a coger la Polaroid, dos años después de la última vez. No fue un gesto al azar; eso lo supe al llegar a la tienda de fotografía para comprar el papel de revelado. Parece que vuelven las cámaras analógicas y las de 35 mm. Yo siempre me he sentido original hasta que levanto la mirada y descubro que lo que me parecía un paso atrás muy personal forma parte de una nueva oleada. Vamos, una víctima más de la tendencia de lo antaño.
Otra cosa muy de sábado por la mañana es cocinar. Antes iba al mercado; ahora me conformo con cocinar lo que me divierte, me apetece y me nutre. Me gusta que el horario de la comida supere las tres y media de la tarde: es una manera de ganar mañana, de sentir que queda más fin de semana por delante y de darle una tregua al estómago entre el desayuno rebosante y tardío y una comida que nutre más de lo necesario.
Este sábado por la mañana no miré el móvil más de catorce minutos, algo nada habitual cualquier otro día de la semana. Descubrí que existe una forma de hacer un disfraz de carnaval casero sin necesidad de consultar ningún tutorial. Implica coser y un par de trucos básicos de costura, así que di por cerrado el cupo de productividad de un sábado mañanero.
En lo que queda de mañana (aún son las 14:45 h) podría ordenar, desordenar, leer el periódico o escuchar aquel disco de 2006 —ya han pasado veinte años—, pero lo voy a dedicar a mirar un poco el móvil, hacer algo propio de un miércoles y enseñaros esta pedazo de maceta que pide a gritos un sábado por la mañana.
lMacetero negro de sábado por la mañana

