Cerámica fajalauza: unión perfecta entre el islam y el cristianismo pintado a mano
La Fajalauza es un estilo de cerámica tradicional española, originario de Granada, con una historia que se remonta a la época andalusí. Su nombre proviene de la Puerta de Fajalauza, una de las antiguas entradas de la ciudad, junto a la cual se asentaron numerosos talleres alfareros. Este tipo de cerámica es especialmente reconocible por su decoración pintada a mano, sus colores característicos y su fuerte vínculo con la artesanía y la tradición.
Origen e historia de la cerámica Fajalauza
La cerámica Fajalauza nace de la fusión entre la tradición islámica y la cerámica cristiana posterior a la Reconquista. Durante siglos, los artesanos granadinos mantuvieron técnicas heredadas del periodo nazarí, adaptándolas a nuevos usos decorativos y cotidianos. A lo largo del tiempo, la Fajalauza se convirtió en uno de los símbolos más representativos de la cerámica granadina, manteniendo procesos artesanales que han pasado de generación en generación.
Aunque su origen es histórico, la cerámica Fajalauza ha sabido adaptarse a los nuevos estilos. En espacios modernos, se utiliza como elemento decorativo protagonista, creando contraste con ambientes minimalistas y neutros.
Una sola pieza de Fajalauza puede aportar color, tradición y un fuerte valor cultural a cualquier estancia. En la actualidad se encuentra la Fábrica de los Arrayanes que mentiene el dibujo tradicional, con fuertes referencias islámicas y Andaluzas. Este trazo tradicional parece haber ganado un fuerte interés decorativo y de uso moderno.
Un símbolo de la cerámica artesanal española
Tradicionalmente, la Fajalauza se ha utilizado tanto en objetos funcionales como decorativos:
Platos y fuentes
Jarrones y macetas
Azulejos decorativos
Cuencos y piezas ornamentales
Hoy en día, estas piezas se integran tanto en decoración clásica como en interiores contemporáneos, aportando personalidad y autenticidad. La Fajalauza no es solo un tipo de cerámica, sino una expresión cultural ligada a la identidad de Granada y a la artesanía cerámica tradicional. Su valor reside tanto en su estética como en el proceso manual que hay detrás de cada pieza.

